Desconexión Total: La percepción negativa de la gestión Melella supera el 70%
La curva negativa con proyección ascendente de la percepción
pública sobre la gestión de Gustavo Melella no es un fenómeno repentino ni
producto del clima de coyuntura político nacional. Es, más bien, la
consecuencia directa de una acumulación de errores, omisiones y promesas incumplidas
que han erosionado cada vez más la confianza de los fueguinos sobre la propia figura
del gobernador.
La caída sostenida de la imagen positiva y el crecimiento
récord de la negativa —que hoy supera el 70% en la provincia— no son números
aislados, más bien son el reflejo de un agotamiento social frente a un gobierno
que ya no logra convencer ni siquiera con su tradicional maquinaria
comunicacional, desde la que se intenta presentar una narrativa muy distanciada
de la realidad concreta que viven los fueguinos en su vida cotidiana.
En síntesis, 7 de cada 10 fueguinos considera que la gestión del
gobernador Gustavo Melella se encuentra absolutamente desconectada de la
realidad.
Promesas que se evaporaron
Durante los últimos años, el gobernador Gustavo Melella
anunció planes, obras, inversiones y programas (Puerto de Río Grande, Hidrogeno Verde, Polo Petroquimico, produccion de amoniaco, produccion de urea granulada, diversificacion de la matriz productiva, etc.) que jamás se materializaron.
Cada mensaje oficial generó una valoración de expectativas positivas que luego
chocaron con la realidad. La ciudadanía dejó de creer. Y es simple, cuando las
promesas se repiten, pero los resultados no aparecen, el efecto ya no es de
esperanza, sino de frustración, una carga emocional que luego se traduce en
enojo.
Gustavo Melella insistió con discursos de crecimiento y
expansión económica, pero no logró transformar esos anuncios en políticas
públicas tangibles. La brecha entre lo que se comunicó y lo que realmente se
hizo se convirtió en una herida abierta en todos los sectores sociales
generando una fuerte perdida de credibilidad y confianza.
La crisis educativa que afecta la vida diaria de las familias
fueguinas
Otro de los problemas estructurales que el gobierno no ha
logrado resolver —y que contribuye profundamente al desgaste social— es la
crisis educativa vinculada a las desobligaciones permanentes.
Las escuelas fueguinas funcionaron durante el último tiempo
con interrupciones constantes, jornadas reducidas y suspensiones que se repiten
de forma sistemática. Esta inestabilidad educativa impacta de manera directa en
miles de familias que deben reorganizar sus trabajos, cuidados y rutinas cotidianas
cada vez que aparece una nueva desobligación.
Lejos de ofrecer soluciones, el gobierno tomó la decisión de naturalizar
este esquema de funcionamiento escolar discontinuo, improvisado y sin
previsión. La falta de decisión política para enfrentar esta situación y
ordenar el sistema educativo se convirtió en uno de los malestares cotidianos
más profundos, porque afecta al núcleo mismo de la vida familiar de los
fueguinos, el acceso a una educación estable, segura y continua para los hijos.
Una crisis sanitaria que se profundiza sin respuestas
El sistema de salud provincial atraviesa uno de sus momentos
más críticos. La falta de profesionales, la alta rotación permanente de
médicos, la sobrecarga en guardias y la caída de prestaciones básicas han
generado un malestar creciente entre los fueguinos, que sienten que la atención
pública se deteriora mes a mes. A esto se suma el colapso operativo del OSEF,
cuya crisis económica y administrativa se prolonga sin que el gobierno logre
implementar soluciones de fondo. Los atrasos en los pagos a prestadores, la
reducción de coberturas y la incertidumbre constante respecto de tratamientos y
derivaciones impactan directamente en miles de familias. La sensación
generalizada es que la salud fueguina está librada a su suerte mientras las
autoridades se limitan a anunciar reformas que nunca llegan y que suenan más a
expresiones de deseo que a un gobierno que se hace cargo de los problemas.
Infraestructura energética al borde del colapso
Las promesas caídas encuentran su ejemplo más evidente en la
situación energética de Ushuaia y Tolhuin. Desde hace años se anuncian
ampliaciones, nuevas usinas, inversiones estratégicas y obras urgentes que se
postergan cada ciclo.
Mientras tanto, la infraestructura actual funciona al límite:
cortes permanentes, sobrecargas, sistemas obsoletos y riesgo permanente de
colapso.
Bajo este marco de realidad, la población ya no compra
discursos; exige soluciones reales. Pero el gobierno no logró anticiparse al
problema ni ejecutar planes que, según sus propios anuncios, ya deberían estar
funcionando desde hace mucho tiempo.
El resultado, la percepción de mala gestión se profundiza,
alimentada por la evidencia más concreta posible—La energía no aparece.
El empleo: otro indicador que contradice el relato
A esto se suma la caída del empleo industrial y la pérdida
continua de puestos de trabajo. A pesar de los anuncios de “nuevas
inversiones”, la realidad muestra un sector privado debilitado, una industria
golpeada y un escenario donde los trabajadores sienten que el gobierno
provincial mira para otro lado.
Las expectativas positivas que alguna vez generaron los
anuncios oficiales terminaron confrontando con la angustia diaria de familias
que ven reducirse su poder adquisitivo y la estabilidad laboral.
Nada es más corrosivo para la imagen de un gobierno que
prometer empleo y terminar siendo apenas un testigo pasivo de su destrucción.
Un ciclo que llegó a su límite
Los fueguinos demostraron paciencia frente a los problemas
estructurales. Pero la paciencia se agota cuando el gobierno insiste en discursos
triunfalistas desconectados del día a día de la gente.
Los datos muestran con claridad que la percepción pública ya
no acompaña:
La imagen positiva cae debajo del 30%, la negativa supera el
70%, la brecha entre ambas alcanzó más de 40 puntos, representando un récord histórico, el
desgaste no es comunicacional, no es de “percepción”, es la realidad que golpea
muy fuerte, es de gestión.
La ciudadanía evalúa a Melella no por sus anuncios, sino por
sus resultados. Y los resultados son insuficientes, tardíos o directamente
inexistentes.
El desafío político que viene
El gobernador enfrenta hoy su momento más delicado. Los
fueguinos ya no toleran más promesas incumplidas ni más justificativos. Exigen
liderazgo, planificación real, obras concretas y políticas que recuperen
empleo, modernicen el sistema energético y devuelvan previsibilidad a una
provincia que vive en estado de incertidumbre permanente y por ultimo decisiones claras que permitan optimizar el gasto público.
A todas luces, las ultimas decisiones en materia de designación
de autoridades en su gabinete y la obsesión por una reforma constitucional que nadie pidio, ubican
a un gobernador que lejos de escuchar las necesidades de los fueguinos se
enfrasca en su propio ecosistema persiguiendo objetivos exclusivamente personales.
El problema para Melella en este punto es claro: la confianza
que se rompe, no vuelve.


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